Espacio público, espacio común (2) - Cimientos
06/09/2019

Espacio público, espacio común (2)

En esta segunda se revisan proyectos que han dado ejemplo de arquitectura que propicia lo común

Presentamos la segunda parte de “Espacio público, espacio común”. Para leer la primera entrega, da clic aquí.

En las condiciones actuales habría que pensar, paralelamente, dos frentes.

Por un lado, el potencial político de los espacios intersticiales, ese detritus producido por las fricciones entre los territorios público y privado. Jonathan Manning, del estudio sudafricano Ikemeleng Architects, lo ha descrito de la siguiente manera: «La interacción humana en este estéril espacio residual se limita al conflicto entre los automovilistas y los peatones, entre los ricos y los desposeídos […] Las interfaces (o puntos de contacto) entre el dominio público y los espacios privados […] pueden ser tanto escaparates de comercios en los que se anuncian los productos que se venden en su interior, como los elaborados mecanismos defensivos ideados para impedir la entrada a otras personas (casetas para los vigilantes, muros, alambradas, cercas eléctricas, etc.» (“Racism in Three Dimensions”, 2004) En el texto mencionado al principio, Žižek se pregunta por la posibilidad de que esos residuos espaciales pasen por un proceso de exaptación, término tomado de la biología que se refiere, simplificando al máximo, a partes de un cuerpo que, obligadas por un cambio en el entorno, se desvían de su función original y evolucionan en otro sentido. El espacio intersticial como lugar de disenso, de gestación de lo nuevo, de lo abierto. Acaso de lo utópico. ¿Se relaciona este tipo de territorio con lo que Michel Foucault llamó heterotopías? En la conferencia “De los espacios otros” (1967), el pensador francés introdujo su compleja noción, una especie de visión especular de las utopías: «lugares reales, lugares efectivos, lugares que están diseñados en la institución misma de la sociedad, que son especie de contra-emplazamientos, especies de utopías efectivamente realizadas en las cuales los emplazamientos reales, todos los otros emplazamientos reales que se pueden encontrar en el interior de la cultura están a la vez representados, cuestionados e invertidos, especies de lugares que están fuera de todos los lugares, aunque sean sin embargo efectivamente localizables». Se trata de espacios no hegemónicos, de la otredad, donde coexiste lo incompatible. Conviene, sin embargo, no hacer una lectura literal: heterotopía es antes una categoría crítica que una prescripción formal.

Por otra parte, en función de su posible devenir común (lo sin propiedad, aquello de todos y de nadie), es necesario reflexionar, una vez más, sobre las características del espacio público: dado que es el lugar de la simultaneidad (eventos, percepciones), del encuentro (cuerpos, subjetividades) y la concentración (actividades), todo apunta a lo indefinido. Ajeno a la operatividad pura, sus funciones no están preestablecidas. Su vacío, su incompletud, es el antídoto de la actitud blasé (hastiada, apática) que Georg Simmel relacionaba con los estímulos excesivos que el individuo recibe en la urbe capitalista. Así, a pesar de todo, existen ejemplos contemporáneos de espacio público cuyo potencial no puede pasarse por alto. Su articulación de lo urbano, lo arquitectónico y lo social habilita la esperanza. No son territorios liberados (son propiedad pública, es decir, estatal), pero articulan excepcionalmente, dentro de la ciudad capitalista, posibilidades que van de lo lúdico a lo político. En todos ellos está implícita una renovación de la vida cotidiana, la posibilidad del encuentro. Cuatro casos, elegidos aleatoriamente.

En el Passage 56 (2006-09, en imagen) el Atelier d’Architecture Autogéré coordinó un proyecto de participación colectiva con el fin de ocupar un terreno en el distrito 20 de París. El resultado de la discusión: una estructura de madera suspendida, que portica un jardín público de 200 metros cuadrados, un huerto urbano de uso comunitario. Este «espacio cultural ecológico» ha reforzado el tejido social del barrio en el que se inserta, pues los procesos de diseño y construcción, que involucraron a sus usuarios, fueron transformados en una forma de apropiación.

En Koog aan de Zaan, 11 kilómetros al noroeste de Ámsterdam, un espacio residual, producido por una autopista elevada que dividía la ciudad y era ocupado como desordenado estacionamiento fue transformado por NL Architects en la zona multifucional A8ernA (2003-05), que incluye una plaza cubierta, un supermercado y zonas de juego infantiles y juveniles. Con usos definidos a través de una consulta pública, las imágenes que muestran el lugar en la actualidad manifiestan un notable desplazamiento de la percepción urbana: lo que antes era una barrera divisoria hoy es una espacio fluido que enmarca la circulación entre dos zonas de la ciudad.

La Plaza del Patriarca (1992-2000), proyectado por Paulo Mendes da Rocha, articula edificios de distintos momentos históricos de São Paulo al tiempo que ordena, a manera de nodo, distintas formas de transporte público. Una cubierta cóncava metálica sostenida por un marco media entre la escala de la arquitectura circundante y la de los peatones. En una zona siempre congestionada, el espacio se halla gobernado por la inminencia del encuentro, a la sombra.

En Nueva York, Diller Scofidio + Renfro convirtieron una vía del tren elevada en un parque público de 2.3 kilómetors de largo. La ruina postindustrial, en desuso desde los años ochenta, combina ahora espacios multifuncionales con un importante aporte de áreas verdes, y habilita lo mismo la intimidad que la apertura al otro. Su recorrido no sólo piensa en las veleidades del flâneur, sino que produce espacios de simultaneidad inesperados, donde coexisten los rascacielos y zonas de vegetación salvaje. El diseño de la Vía Elevada (2004-09), ganador de un concurso, fue discutido públicamente y modificado a partir de la consulta.

Para transformar el espacio público en espacio común los cuerpos deben producir eventos, que van de la apropiación a la subversión. Hay que salir a tomar las calles.

  1. Dewitt Devol 7 julio, 2020 a las 2:33 am

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